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Compatriotas retornados buscan superarse con sus ideas de negocio propio


 

Llegan puntuales a la jornada, escuchan atentos las indicaciones, toman nota de los datos clave y visualizan la puesta en marcha de sus ideas.

Así es la dinámica que se aprecia dentro del salón de clases, en el que varias personas retornadas son capacitadas para emprender un negocio en sus comunidades de origen, como parte del proyecto de reinserción económica y psicosocial que impulsa el Ministerio de Relaciones Exteriores, junto a la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE), desde 2016.

Este año se lanzó la segunda convocatoria al programa, logrando la inscripción de 259 personas, tanto hombres y mujeres, provenientes de distintos puntos del país. Una de ellas es Rachel Jesabel López, de 24 años, originaria de Chalchuapa, departamento de Santa Ana, quien después de dos intentos por llegar a Estados Unidos de manera irregular, ha visto una gran oportunidad para salir adelante en su país, a través de esta iniciativa gubernamental.

“He aprendido a explorar mi ámbito de negocio, a ver las necesidades que existen en mi comunidad, emprender, crear mi negocio y también generar empleos, para evitar que más personas sigan emigrando”, expresa la compatriota, que ya inició con su proyecto de panadería y pastelería. “A la gente le ha gustado el producto”, comenta con orgullo, porque también ya le han encargado varios pedidos.

Otro connacional que busca echar a andar su idea emprendedora es Óscar Armado Hernández, oriundo de Santiago Nonualco, en el departamento de La Paz. El joven de 22 años relata que, a su regreso al país, “Cancillería me contactó y me preguntó si ya tenía una ocupación aquí en El Salvador, me preguntaron si necesitaba ayuda para encontrar empleo o formación para poner mi propio negocio, y opté por esta última”.

Óscar planea abrir una empresa de soporte técnico y diseño gráfico, ya que tiene experiencia en ambas materias. Considera que la capacitación le ha servido para identificar y tener en cuenta distintos aspectos para que su esfuerzo prospere. “Ahora tengo una idea clara de que lo quiero hacer y voy a luchar porque eso se haga una realidad”, asegura.

En el salón de clases también se encuentra Hilda Ortiz, una capitalina de 39 años, que tiene como meta ampliar su taller de costura, oficio al que se dedicaba antes de partir hacia los Estados Unidos.

“Me han ayudado bastante las capacitaciones: saber cómo expresarme, cómo actuar con mi negocio. Ahora tengo una comunicación más abierta con mis clientes y tengo más clientes”, manifiesta muy optimista.

Ella hace una valoración positiva de la realidad que vive ahora y no considera realizar un nuevo viaje de manera irregular. “La verdad no. Primero por mis hijos y segundo porque tengo esta oportunidad de tener un futuro para mis hijos, junto a mi negocio”, afirma.

Ha concluido una jornada más de capacitaciones. Dentro de pocas semanas, un nuevo grupo de compatriotas retornados recibirá un diploma por haber terminado con éxito su proceso formativo y por contar además con el espíritu de superación que les servirá de mucho para emprender sus proyectos.